“Mi papá pensaba siempre en cómo mejorar las condiciones de vida de la gente de la puna”

Cuando casi nadie hablaba de energías renovables y menos aún de cambio climático, un grupo de amigos recorría los caminos de la puna transformando los rayos del sol en un reemplazo de la escasa leña y del gas que apenas llegaba en garrafas a los pueblos. Hoy, la Fundación EcoAndina es un referente provincial, nacional e internacional en el desarrollo de soluciones sustentables a partir del sol: desde cocinas, termotanques, calefactores hasta hornos para secar quinoa. Todo esto en poblaciones en la que el gas vale oro (las garrafas se venden tres y hasta cinco veces más caras que las garrafas sociales) y donde la leña proviene de plantas y árboles que tardan décadas, cientos y hasta miles de años en crecer.
Silvia Rojo, la presidenta de la Fundación EcoAndina, entidad jujeña que participa en el programa ALIAR (Aprendizaje y Liderazgo para la Incidencia en Argentina), cuenta la historia de la entidad, que se entrelaza con la historia de su familia. “Mi papá era geólogo, quiaqueño. Se casó con una platense. Mi papá era bien morocho y mi mamá rubia de ojos azules. Todos los años veníamos a Jujuy a fin de año a la casa de mi bisabuela, en la Quiaca”, explica Silvia y detalla: “Mi papá era un desarrollista, pensaba siempre en cómo desarrollar la puna, en cómo mejorar las condiciones vida de la gente. Lo vi toda la vida hacer eso”.
“Cuando yo tenía 23 años, mi papá había invitado a venir a Jujuy a un alemán, que era amigo suyo. Si bien el amigo no vino, le preguntó a mi papá si tenía algo para ofrecerle a su hermano que se había recibido de hidrogeólogo”, relata Silvia. Continúa: “El tema de hidrogeología era súper necesario en ese momento (el hidrogeólogo busca el agua en función de la geografía). Mi papá le hizo los contactos, primero, vino Heiner, y al año Bárbara, su esposa, que trae las ideas de la energía solar. Era 1985, 1986. En esos años decidimos empezar a hacer algunas acciones voluntarias”.
Hacia 1988, este grupo de técnicos pensaba cómo hacer para reemplazar el uso de la leña, que no es renovable en la puna. “Los tres tipos de planta leñosas que hay necesitan muchísimo tiempo de crecimiento para volver a su estado natural: 15 años las tolas, 100 años el único árbol de la puna, la queñoa, y 2500 años la yareta, que es una maravilla de la naturaleza. Con esos tiempos, obviamente que una vez que se extrae la planta no tiene tiempo de recuperarse. Eso produce desertificación y para evitar ese proceso, empezamos a ver qué alternativas había”, explica Silvi y resume: “La alternativa era muy visible: en la puna hay un promedio de 300 días al año de sol”.
“En ese momento, teníamos integrantes alemanes y empezamos trayendo artefactos importados con la colaboración de la Embajada de Alemania y pudimos hacer proyectos sin ser fundación, como un grupo”, repasa Silvia. En 1998, Fundación EcoAndina obtuvo la personería jurídica. Mario Rojo, papá de Silvia, asumió como presidente.
En el 2000, la crisis argentina impuso un cambio de rumbo, que resultó una oportunidad de crecimiento para EcoAndina. “Con la crisis y todo lo demás, se hizo muy difícil la importación. Coincidió con que un pasante vino a hacer su tesis a EcoAndina y lo fichamos para ayudarnos a hacer una transferencia de tecnología desde Alemania de artefactos que estuvieran funcionando con la energía solar térmica. La energía térmica —explica Silvia— es convertir la luz del sol en calor para calentar agua, para cocinar, para calefaccionar ambientes. Estas cosas eran tan necesarias en la puna como la electrificación”.
El Estado Nacional ya había lanzado el PERMER (Programa de Energías Renovables en Mercados Rurales), “un programa de implementación de energía solar eléctrica básica: un panel y una batería para tres focos y una radio, por eso, nosotros nos dedicamos más a lo térmico, que es una necesidad vital”, resume Silvia.
“Mi papá se enfermó y en el 2005 me transfirió la presidencia”, comparte Silvia. Mario Rojo murió en el 2007, pero le dejó un gran legado a su hija: el amor por la puna y el espíritu desarrollista, y al mismo tiempo un vínculo con Alemania que se ha sostenido en el tiempo, con personas, empresas y gobiernos que acompañaron el crecimiento de EcoAndina. Hoy, la fundación cuenta con muchos logros (entre ellos, el desarrollo del primer pueblo andino solar) y muchos proyectos para este 2016. Les seguiremos contando de EcoAndina en próximas entregas de las notas de ALIAR (Aprendizaje y Liderazgo para la Incidencia en Argentina).


