Más de 13.000 bebés ya fueron bienvenidos con las mantas de Salta teje y abriga

El ovillo de lana que se convierte en manta es mucho más que la técnica que dominan las tejedoras de Salta teje y abriga. Es un entramado de amor que une la solidaridad de quienes donan lana, la habilidad y entrega de las tejedoras voluntarias y el compromiso del personal de salud que hace posible que las mantas lleguen a los bebés. Mirta Durevech es la mano que tejió este proyecto que ha abrigado desde 2010 a más de 13.000 bebés salteños.
“Yo estaba como voluntaria en un grupo de Buenos Aires, tejiendo cuadraditos y mandando a un grupo que se llama Tejiendo por un sueño de Buenos Aires y cuando empezaban las necesidades de Salta, pedí que me mandaran mantas. En julio de 2010, iniciamos el grupo en Salta”, cuenta Mirta, asistente puntual en los tres talleres que ALIAR (Aprendizaje y Liderazgo para la Incidencia en Argentina) dio en la provincia de Salta.
“Copiamos un poco la idea, pero en realidad las necesidades y las formas de Salta no tienen nada que ver con Buenos Aires. Una de las cosas que descubrí es que acá no hay cunas en los hospitales. Cuando la mamá va a tener su bebé lo tiene en la cama con ella, entonces la idea es que la mamá se lleve la manta. En los relevamientos hay un porcentaje muy alto de mamás carenciadas que no tienen ni el primer abrigo para su bebé”, explica Mirta y detalla: “los hospitales son nuestros intermediarios, porque a partir de los hospitales, los agentes sanitarios, a veces a 14 horas a caballo, se llevan las mantas a los lugares que nosotros no podemos llegar, a esas mujeres que no pueden bajar, que suelen tener los bebés en sus zonas. Nuestras mantas están llegando a toda la provincia de Salta y a lugares increíbles”.
A través de las fotos que sacan médicos, agentes sanitarios y voluntarias del momento de la entrega de la manta a la mamá, se puede recuperar parte de lo que sucede. Muchas mamás que no tenían siquiera una batita para su bebé, papás que lloran emocionados. Pero hay más historias en torno a esas mantas, que ojalá estos bebés puedan conocer cuando sean más grandes. Hay mucho amor en toda la trama. “Hay muchas voluntarias con discapacidades físicas, problemas emocionales, salieron de depresiones, de situaciones de soledad. O no se pueden mover y nosotros les llevamos la lana y ellas tejen, y luego pasamos a buscar las mantas”, relata Mirta y se emociona antes de contar una historia que la conmueve: “Tenemos cartas, gente que ha fallecido. La hermana de una voluntaria me mandó el canasto y me escribió: ‘Este es el último canasto de tejido de mi hermana y te voy a agradecer porque transitó todo su cáncer tejiendo’”.
“Pasan cosas muy fuertes, desde el tramado, porque la trama tiene que ver con sacar lo mejor de nosotros: la creatividad, el amor. Lo que están tejiendo no es solamente una manta, es lo que cada una pone. Tenés que ver las voluntarias que no sabían tejer y aprendieron, que empezaron con cuadraditos de 10cm x 10cm y ahora hacen unas mantas espectaculares enteras. Se enseñan unas a otras”, comparte Mirta.
Mirta Durevech explica qué significa ser parte de Salta teje y abriga: “Es un doble voluntariado: es cierto que damos mucho pero estamos recibiendo permanentemente. A mí me abrió la cabeza. Yo sé cuáles son las necesidades, pero una cosa es verlo por televisión y otra es recorrer y tomar contacto con cosas que son muy duras”.
“Yo inicié otros voluntariados, estuve corrigiendo libros para ciegos en computadora, pero me quedaba dura. El voluntariado tiene que ver con algo que te gusta hacer, que querés hacer. En este caso, no fue ni buscado. Recibí un mail y me puse a tejer cuadraditos. Y en ese momento, entré como voluntaria en la residencia para mamás de bebés prematuros en el Hospital Público Materno Infantil. Ahí hice contención de mamás muchos años: llevé tejidos, regalos para las mamás”, cuenta Mirta los orígenes de Salta teje y abriga.
El gran impulso para Salta teje y abriga lo dio Lía Uriburu. Mirta conoció a Lía en el Hospital Público Materno Infantil. “Lía me incentivó y ayudó a difundir el proyecto de Salta teje y abriga. Entonces empezó a crecer: 5, 10, y hoy somos casi 100 mujeres. No todas fijas, algunas sí y otras, no, pero fue un crecimiento. Y ya ahora casi no tejo, porque está toda esta parte (que se habló en el taller) que es el relevamiento, que es contar, contabilidad, no de dinero pero sí de mantas, de la lana recibida, a quién se le entrega manta. Mandar mails para la primera mateada del año con las voluntarias, subir fotos a Facebook”.
Mirta teje desde chiquita, su mamá le enseñó. Primero, tejió para sus muñecas, después para su marido, para sus hijos y ahora para sus nietos. Esos juegos de la infancia hoy son abrigo para cientos de bebés. Cuenta que una de las mayores alegrías para todas las tejedoras de la organización es reencontrarse con sus mantas, y las reencuentran en todas partes: una voluntaria reconoció la manta que abrigaba a un bebé mientras regresaba en un colectivo desde San Antonio de los Cobres. Otra voluntaria asistió a un bautismo en Iruya y el bebé bautizado lucía una manta de Salta teje y abriga.
Además de las mateadas mensuales donde se encuentran las tejedoras, organizan otras actividades, como la clase magistral de tejido que hicieron en el 2014, con la presencia de Bárbara Langman, tejedora con gran participación en ciclos de TV. Visitan escuelas, donde le presentan a los alumnos las acciones de Salta teje y abriga. También realizan rifas para conseguir conseguir fondos para comprar lana. Por estos días, sortearán dos tapados que la diseñadora salteña Roxana Liendro les donó para recaudar fondos.
¿Qué necesitan en Salta teje y abriga? Principalmente, lana y tela polar. Pueden contactarse con la organización a través de la página en Facebook para acercar sus donaciones.


